EL REENCUENTRO

Por los caminos del grial y de María Magdalena

EL REENCUENTRO

 

POR LOS CAMINOS DEL GRIAL Y MARIA MAGDALENA

Cuando hace casi diez años hice por primera vez aquella excursión a Rennes le Chateau, no sabía lo importante que seria para mí ni para mi espiritualidad.

Hacía algunos meses había leído un libro llamado “En Busca Del Grial”, hasta entonces no había oído hablar de aquel pueblecito de la occitania llamado Rennes le Chateau. Apenas sabía casi nada de los Cátaros, de los Templarios ni de María Magdalena. En el libro se explicaba, a modo de diario, el viaje de un matrimonio a aquellas tierras, sus investigaciones en Rennes le Chateau, Ussat les Bains, Couza, Esperaza, las cuevas de Lombrives y finalmente su entrada a las Spulgas de Bouarn, en donde tienen un contacto con un ser de blanca túnica que les dice venir de otra dimensión. Aquello me impactó, y por alguna razón -quizás porque tenía que ser de esta manera- fue como emprendieron aquel viaje para reencontrarse con su pasado, con sus raíces más profundas. No sabía exactamente donde me dirigía ni el porqué, pero sin darme cuenta, poco a poco, aquella tierra fue entrando en mi vida para que el tiempo y el espacio se detuvieran y así poder recordar….

 

CASTILLO DE MONTSEGUR

El castillo de Montsegur es quizás el más famoso de los castillos cátaros, por su heroica resistencia a las tropas de Simón de Monfort -jefe de los cruzados- en su misión de erradicar la religión catara.

Se ha escrito mucho sobre él y de los mártires quemados en su ladera por no querer abjurar de su fe. Una cruz de piedra siempre con flores hace que no olvidemos aquella barbarie.

Se dice que de las galerías subterráneas de Montsegur, la madrugada de aquel fatídico día, pudieron huir tres Bons Homes o perfectos cátaros, con el tesoro de los templarios. Eran unos manuscritos de gran valor para el conocimiento de la verdad y el Sant Grial. Todo han sido suposiciones y conjeturas pues nadie sabe a ciencia cierta lo que pasó aquel día. Lo cierto es que todas las grutas de aquella tierra tienen comunicación y es posible que desde allí se pudiera llegar a las cuevas de Lombrives.

Lo que aporta Montsegur no es material sino su enorme energía que sigue desprendiéndose de él. A pesar de estar derruido, nadie le ha podido restar ni un ápice de su belleza y de su majestuosidad. Ahí permanece coronando, como si de la más bella corona se tratara, una cónica montaña, simulando una perfecta escalera hacia el cielo. Todo ello junto con la geometría sagrada, estudiada centímetro a centímetro por sus constructores, hacen que sea un lugar telúrico y mágico. Debido a ello, no es raro encontrar numerosos grupos espiritualistas que se sientan en grandes círculos para hacer rituales, ruedas de energía y meditación.

Hay unas ruinas de una antigua y bellísima ciudad llamada Mistras, que fue capital del imperio bizantino durante algún tiempo. Arriba de todo, protegiéndola, permanece un castillo idéntico al de Montsegur. Se ve que una colonia de caballeros Franceses procedentes de las cruzadas se instalaron en aquellas tierras, -tierra de los antiguos Sicambros- que fueron los padres de los antiguos Francos, depositarios del santo linaje de Cristo. Es increíble ¡no hay casualidades si no causalidades! todo tiene su mágica razón de ser.

 

 

CASTILLO DE ROQUEFIXADE

Si retrocediendo en el tiempo y en el espacio pudiera ver Roquefixade en todo su esplendor, creo que no podría resistir tanta belleza. Tiempos felices de bellas damas, de trovadores, de grandes ideales y sobre todo de una nueva religión en que todos los hombres eran iguales ante Dios. Sin miedos, sin represiones, valorando hombre y mujer a la par y practicando por igual la pureza y la bondad del primer cristianismo.

No pudo Simón de Monfort, destruir este bello castillo -por más que lo intentara-. Las altísimas rocas sobre las que se asienta, lo hicieron inexpugnable. Solamente el tiempo y las guerras posteriores pudieron con él. Aun en ruinas, todavía luce con orgullo sus almenas desafiantes al viento, viejos testigos de los avatares, que conservan con dignidad su belleza.

ROQUEFIXADE es el gran desconocido, de aquí su pureza y su misterio. A diferencia de Montsegur, casi no es visitado, por lo que la atmosfera que allí se respira, nos invita al silencio y a la meditación.

Desde lo alto de la cima, se puede ver el monte TABOR, -montaña sagrada de los templarios- llena de historias mágicas y sobrenaturales que perduran desde los tiempos ancestrales. A su lado, Montsegur, desde donde todavía puede oírse el llanto de los quemados por su fe. Todo este paisaje va llenando nuestra alma hasta tal punto, que me atrevería a decir que podríamos ir a otra dimensión.

Desde más arriba de la montaña se divisan tres enormes rocas en paralelo. No se puede decir con seguridad si forman parte de la vieja estructura del castillo o bien son producto de la naturaleza. Pero lo que sí es seguro, es que el dibujo de estas rocas está grabado en la piedra de la gruta que da acceso al castillo de MONTREAL DE SOS. Castillo cátaro en cuyas grutas de acceso se dice que fue escondido el SANTO GRIAL procedente de MONTSEGUR. Sea o no cierto no podemos ser indiferentes a la extraña y misteriosa coincidencia.

 

RENNES LE CHATEAU

Relatar en un diario de viaje, toda la historia de este bello pueblo occitano. De su historia, de la vida de Sauniere -el cura párroco de Rennes- y de su posible hallazgo del tesoro de los merovingios, así como de los documentos secretos que daban luz a la dinastía de Jesús y María Magdalena ya se han escrito infinidad de libros muy bien documentados.

Saliendo de Barcelona, mirando el mapa de la zona, da la sensación de no estar muy lejos. Una opción para ir es pasando por Perpignan bordeando la costa de Port bou y Colliure –un precioso pueblo al lado del mar donde se puede divisar un paisaje espectacular -. En estos lugares los franceses son muy cuidadosos en poner mesas de picnic para que se pueda disfrutar del paisaje. Subiendo hacia Perpignan, a unos 10 kilómetros hay que coger la carretera que se dirige hacia Foix. A partir de aquel momento, queda atrás ya la autopista y nos adentramos en el país de los cátaros.

Siguiendo recto, una vez en San Pol de Fenoullet, mapa en mano, se plantean dos opciones. La opción más larga es seguir por la carretera principal hasta el pueblo de Quillan, de allí seguir dirección Couza, para después coger el desvió hacia Rennes. La otra opción pasa por cruzar las Gorgues de Galamus, lo cual representa un camino más corto pero con una estrechísima carretera curvosa que cruza las impactantes gorgues. Es más que aconsejable esta segunda opción pues este estrecho camino que corre encajonado entre altísimos bloques de piedra que parecen figuras de animales petrificadas. Es un camino esotérico y misterioso, en el que vale la pena detenerse a visitar la ermita de anacoretas que cuelga de la montaña.

Después de un rato de camino por fin se puede observar Rennes a lo lejos. Rennes le chateau, está en lo alto de una montaña en la que se divisa una vista espectacular de toda la zona. Es un pequeño y limpio pueblo donde lo más destacable, urbanísticamente hablando, es el castillo de la marquesa de Blanchefort. La iglesia la mandó construir el abate Sauniere, presuntamente con el dinero que le dieron por su tesoro encontrado, o por silenciar el gran secreto que guardaban unos antiguos manuscritos que encontró detrás de su altar. Otro sitio a remarcar es la Villa Betania, en donde vivía el ábate con María, su asistenta y amante, así como la torre Magdala, un torreón en forma de castillo medieval, en donde se halla un saloncito biblioteca utilizado por Saunier para reunirse con los eruditos de la época. Se dice que en este lugar acudían artistas e intelectuales como Wagner y Julio Verne, siendo todos ellos relacionados con la masonería francesa. Si bien estos lugares son misteriosos y merece la pena ser visitados, a mí personalmente lo que más me gusta es el enclave en donde se encuentran. El mero hecho de pensar que están construidos sobre la antigua ciudad Merovingia de Reali inunda de valor. Reali es un sitio mágico desde los albores de la historia, es una ciudad importantísima y bella enclavada alrededor de un antiguo templo de Isis, la Diosa, la representante de la madre tierra, la parte femenina de Dios. Seguramente por ello los Templarios llegados allí con sus secretos, y los cátaros, se instalaron en aquella zona generaciones enteras.

Cerrando los ojos, desde el mirador, todavía es posible impregnarse de esta historia, de este antiguo esplendor, porque las vibraciones de un lugar permanecen en él, no importa el tiempo transcurrido, porque el tiempo solo es una ilusión de esta tercera dimensión en la que hemos vivido hasta ahora, antes de nuestro despertar.

En frente de Rennes, en la lejanía, se puede observar majestuosa una gran montaña. No es ni la más alta ni la más bella, pero quizás si la más especial.

 

 

LAS CUEVAS DE MAGDALENA.

 

LE SANTE BAUME

 

Las cuevas de la Sante Baume, no están cerca de Barcelona, -distan unos 500km- pasado Marsella. Sin embargo el camino es rápido y fácil teniendo en cuenta que se puede llegar casi exclusivamente por la autopista que une Barcelona y  Niza. Pasado  Marsella la autopista se divide en dos, una se dirige hacia Toulon y otra hacia Niza, -debemos coger esta última- y a los pocos kilómetros veremos la salida que pone Sant Maximin –Santa Baume.

Sant  Maximin es un pequeño pueblo que tuvo su esplendor en la época romana y medieval, se dice que en este lugar murió María Magdalena. Su basílica real es  soberbia, sin embargo llama la atención el que su belleza está en su interior. Su fachada se encuentra inacabada, sin ninguna clase de ornamento ni figuras ni columnas que den a entender  la enorme belleza que alberga. Construida por encargo de Carlos II, conde de Provenza, debido a su pasión por la figura de María Magdalena, se dice que en dicha basílica reposaron sus restos hasta que fueron escondidos para evitar que fueran profanados por las invasiones sarracenas.

Desde Saint MAXIMIN nos dirigiremos hacia el pueblecito de  NAN LES PINS, desde  donde encontraremos el desvío  hacia   PLANS DES LOUPS  y  LA  SANTE BAUME  BAUME.

Dejaremos el coche en la hostería de los dominicos, en donde podemos dormir y comer por un módico precio. También  hay un restaurante y tienda de recuerdos del lugar y librería.

Desde  la hostería se coge el camino que nos llevará a lo alto de la sierra, en donde se encuentra la gruta santuario.

 

LA  SANTE  BAUME

 

La Sante Bauma (en  provenzal), o sante  Baume (en  francés), sigue  siendo un enigma   después de dos mil años. Ella y María Magdalena están  unidas a través  del tiempo.

Baume en provenzal, quiere decir gruta, y la llaman Sante, porque se dice que allí vivió María Magdalena, retirada de la vida mundana, dedicada a la oración y a la sanación de quien allí se acercara en busca de  consuelo y la verdad.

Espiritual o natural, la belleza de este lugar deja sin voz. Árboles milenarios pueblan un bosque extensísimo en donde todos los cultos se mezclan a través de la noche de los tiempos. Los griegos, que habían fundado en Marsella un gran puerto, venían a este bosque a buscar madera para fabricar sus naves. Ellos lo habían ofrendado a Artemisa, diosa de la fecundidad.

Algunos siglos más tarde lo describían como el bosque sagrado de los ligures. No podemos separar el camino del bosque del de la gruta, ya que los dos representan la misma cosa -una marcha interior-, poco o nada importa si en verdad María Magdalena vivió o no en ellas, las gentes de todos los lugares y de todos los tiempos vienen en peregrinación, como si en verdad Ella hubiera sanado y vivido aquí, y es a partir de ello que las cosas existen  y ellos encuentran.

La contemplación de la montaña es un viaje al interior de uno mismo. Uno puede estar horas, observando los elementos, jugando con la inmensa criatura vegetal y mineral, de tal manera impresionante, que parece que tengan vida. El sol brilla  sobre la roca blanca, y las nubes se deslizan desde las cumbres dejando el bosque húmedo. Muchos dicen que es como un generoso maná. Lo que sí es cierto es que todo ello lleva imágenes escondidas en lo más profundo de nuestros sueños.

Para subir a las grutas es necesario tomarse un tiempo, venir una vez no es suficiente. La montaña es compleja,  múltiple  y misteriosa. Magdalena y ella viven juntas, es como si el tiempo se hubiera detenido y todo deviene  súbitamente perceptible. El sonido del manantial, las hojas mecidas por los arboles, los pájaros cantando en al cielo.

Cuenta la leyenda que hace dos mil años María Magdalena, que había desembarcado hacia tiempo en las costas de Marsella con su hermano Lázaro, dejó la ciudad y caminando campo a través, vio un manantial  al pie de una montaña  salvaje. Levantando  los ojos, divisó la gruta en donde se retiró para vivir en soledad  en el recuerdo de su amado esposo Jesús de Nazaret. Así pues, desde los primeros tiempos del cristianismo, estas grutas se convirtieron en  lugar sagrado objeto de veneración. Reyes y reinas, príncipes y papas, filósofos  y escritores, han cruzado este bosque, en busca del camino iniciático a sí mismos.

Desde la hostería de los dominicos, sale un solo camino que se dirige al bosque al pie del macizo. Desde este camino todavía puede verse a lo alto de la cumbre rocosa la gruta, mas al entrar en el bosque, cruzando un pequeño puentecito de madera sobre un riachuelo ya perdemos de vista el macizo. Todo es bosque. Nos llama con su voz misteriosa, podemos oír el silencio. A la entrada del bosque, el camino se bifurca en dos, el camino Royale   a la  izquierda, y el camino del canapé a la derecha.

El camino royale, es más ancho y arreglado, ya que a lo largo de él se pueden ver monumentos renacentistas,  mandados construir por los ilustres visitantes, que como hemos citado antes recorrieron el camino, (digna de mención es la fuente de manantial  llamada “le source des nans”, llamada así en honor de los  nomos hadas y Delfos que se dice que habitan este bosque). El camino del canapé, a la derecha, es más corto, pero mucho más duro y empinado.

Pienso que todo esto tiene una lectura. Los simbolismos y las señales, siempre están presentes en nuestro camino para guiarnos en nuestro despertar. Desde épocas antiguas siempre se consideró a los puentes como al  instrumento  de unión entre dos mundos, entre dos etapas de nuestra vida. Este puente nos lleva al bosque de La Santa Baume, en donde encontraremos el conocimiento y la magia.

Fijémonos  ahora en que después de cruzar el puente, se nos ofrecen dos caminos, y debemos escoger uno. Los dos van al mismo lugar, pero cada uno tiene su propio matiz. Uno es más duro, con más problemas, pero más corto, mientras el otro más largo pero más dulce. La elección es nuestra. Al final cuando se llega a lo alto de la cumbre, los dos vuelven a unirse en uno solo. Así entraremos en el santuario, tanto da el camino escogido, al final entraremos igualmente a la profundidad de nuestro ser.

La gruta (bauma) en provenzal, es también una iglesia. La roca blanca  manchada con betas en negro, una profunda humedad, intenso olor a incienso, la parpadeante luz de las velas, las formas blancas de las estatuas en la oscuridad, todo se mezcla en una alianza  entre naturaleza y fe. La mezcla de los elementos, hace despertar los sentidos.

Un gran altar de mármol blanco bordeado por una gran escalera que lleva  al centro de la cueva en donde se encuentra  una gran cruz con María Magdalena a sus pies.

Al  fondo, detrás de una gran piedra circular, otra escalera desciende a una gruta inferior, en donde encontramos entre la penumbra  otra maravillosa escultura de María Magdalena, con la mirada perdida en el infinito y con un rostro bellísimo y sereno que se mueve entre el dolor y la resignación. El silencio sepulcral solo es roto por el sonido de las gotas de agua que caen desde la cueva superior.

Siempre agradeceré a mi hijo, que me acompañó en mi segundo viaje, el que con gran dificultad cogiera agua cristalina del  estanque que está en lo más  profundo de la gruta inferior. Sé que lo hizo con gran  amor respeto y fe, pese  a la gran dificultad, para que tuviéramos aquella milagrosa agua.

Nombre: Montse Arnal
Ciudad: Sitges (Barcelona)